Llegamos a Lima, capital de Perú, un miércoles por la mañana. Hemos reservado habitación en el 1900 Hostel y también les pedimos, ya que por un poco más dan esa opción, que vengan a buscarnos al aeropuerto (Aeropuerto Internacional Jorge Chávez). No tenemos por costumbre solicitar ese servicio pero habíamos leído demasiados casos en Lima de turistas llevados por taxistas a lugares donde eran asaltados incluso en pleno día, así que nos dejamos llevar por la precaución.

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Antonio, el taxista que viene a buscarnos, nos pide que dejemos las mochilas en el maletero, incluso las de mano, y luego lo cierra con llave. Durante el trayecto nos explica  que el asalto más habitual es llevado a cabo por motoristas, rompiendo las lunas de los coches con un golpe seco usando una simple bujía, bujinazo lo llaman, para coger cualquier bolsa que vean dentro, con lo que lo más seguro es viajar sin nada a la vista. Tenemos la sensación de haber hecho bien pidiendo ser recogidos.

Aunque pueda parecer que Lima y bonita no son dos palabras que se puedan poner en la misma frase, toda gran urbe tiene una historia que ofrecer al visitante.

La zona del centro de la ciudad, con la estupenda Plaza de Armas dónde destacan la catedral, el Palacio de Gobierno y el Palacio Arzobispal, la calle peatonal Jirón de la Unión llena de vida, edificios históricos esparcidos por toda el área, el gran Mercado Central y las calles del vecino Barrio Chino tienen un encanto innegable, pero el cielo cubierto por una neblina de contaminación, marca de la casa, impide disfrutar por completo de un paseo urbano.

De todas maneras, un recorrido por la ciudad se hace imprescindible. Aunque Lima se use como mera entrada a un país que, por otro lado, ofrece magníficas posibilidades turisticas, no deja de tener esa caótica belleza que de alguna manera es atractiva.

Quedarte un par de días previos a un recorrido por el país te servirá para aclimatarte al ritmo y estilo de vida peruano.

Y también puede servir como iniciación a la deliciosa comida peruana, desde su famoso ceviche, pasando por el rocoto relleno, papas a la huancaína, ají de gallina, el cau-cau o el lomo saltado. Sin olvidarse de todo lo que puedes encontrar a la venta en carritos y puestos por la calle, como los picarones o el emoliente, y especial mención a las yuquitas fritas, simplemente pequeñas porciones de harina de yuca frita que se vende en bolsitas de papel.

Police women

La presencia policial en el centro es constante, con lo que la sensación de seguridad también lo es.

Desde nuestro hostel tenemos a tiro de piedra el Museo de Arte de Lima en la Plaza de la Cultura y el Museo de Arte Italiano un poco más allá. El Parque de la Reserva queda más abajo, cerca también, con su Circuito Mágico del Agua, una serie de fuentes que se iluminan por la noche.

Y también tenemos bastante cerca, en la esquina de la Av. 28 de julio con el Paseo de la República, la Terminal de CIVA Buses, compañía que nos llevará a Cusco en el primero de una serie de memorables (por imposibles de olvidar, aunque quieras hacerlo), viajes en autobús por Perú.